Cuando cae la noche

Ni un alma en las aceras, ni una luz en las casas. Calle tras calle atraviezo los barrios buscando un refugio donde resisitir otra noche.
Extenuado, me siento en el borde de cualquier banco. En estas horas no hay cabida para la lamentación y el dolor que me produce ver cómo, dia tras dia, me voy consumiendo a un paso de la degradación perpetua.
Siento un frio que me congela mientras me abrasa la rabia y la impotencia de seguir encadenado al maldito alcohol que, en lugar de auyentar aviva el recuerdo del atroz sufrimiento de un gran amor destrozado, de errores fatales y lejanas culpas que de golpe me quebrantan como un mazaso en el pecho.
La noche a mi alrededor es una puerta sin cerrojo. Te das cuenta que como ser humano has dejado de contar. Te has convertido en una pobre bestia indefensa.
Las sombras cobran vida a causa del viento; siempre sin dejar de volver la vista atrás, gritos pendencieros que se aproximan, frenazos secos, pisadas que se detienen de golpe, gritos desgarradores seguidos de sollozos que te acongojan y desquician…
Receloso de todo, maldiciéndote por tener que llegar a verte así, devorado por augurios de una posible agresión y encendido por la ira hacía ti mismo, llegas a desear del fondo de tu corazón que todos tus temores surjan de una vez por el horizonte y se materializen, para enfrentarte a ellos dispuesto a matar.
Sin necesidad de ningún espejo en mis manos descubro el triunfo del miedo en la expresión de mi rostro.
Y esta imagen de agresión y muerte, tantas noches temida y esperada la llevaré grabada en carne viva sobre mi piel por el resto de mi vida.
Los amaneceres tardan en llegar, como si a la luz le costara trabajo empujar la noche.
Roto de cansancio por la ansiedad sin tregua, al ver el primer vestigio del dia que empieza lentamente a clarear, de repente, mis temores se desvanecen y alejan, y me quedo asombrado de mi capacidad de resistencia para aceptar esta realidad sin enloquecer, manteniéndome en el sufrimiento, la renuncia forzosa y la expoliación de mi mismo.
Comienza el dia de la siguiente noche. Unas horas mas de tregua de esta condena interminable, esperando una sola mirada que me devuelva a mi condición de hombre, ya que ni yo mismo sé si soy un ser deshumanizado, una grieta a esquivar en el asfalto o una sombra amordazada.

~ por miquelfuster en agosto 8, 2011.

7 comentarios to “Cuando cae la noche”

  1. como siempre conmovedor tanto dibujo como texto…salud

  2. Sin palabras…que todo te vaya como tu quieres

  3. Mi caso fueron 4 años en la calle y han sido o son 34 de adicción a las drogas, superado en alguna ocasión y derrumbado en numerosas ocasiones también. Comparto tu destino amigo Miguel, actualmente me he ido de Barcelona y asi me mantengo.

  4. Impresionante… desgarrador; tu estilo y tu furia me recuerdan los tiempos en que yo también escribía, ¡ja!
    Pero, ¿Sabes? estoy volviendo a tener ganas de escribir… Confío en que mi condena ha sido ya pagada por otro, y que la justicia ha sido convencida por la misericordia. No desmayes, bueno, ¡qué digo! Si tu ya sabes qué es negarte-a-volverte-loco!!!

    Un abrazo en la distancia, Miquel; y LUZ en >tu< tinieblas
    ¡Te queremos… y te queremos seguir leyendo!

  5. Gracias Miguel por seguir vigilando el camino.
    Un abrazo

  6. Miguel, el correo anterior es mio , le di a enviar y no quiero ser anónimo.
    Muchos ánimos.

  7. Hola Miguel, he escuchado a Bruno Cardeñosa hablar de tu historia en la Rosa y al buscar algo más he encontrado tu blog, qué puedo decir, bravo por tí, un abrazo
    Virginia

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