Visita a un grupo de internos de Quatre Camins

•agosto 17, 2016 • 2 comentarios

pressó web

Para el grupo de internos del Centro Penitenciario Quatre Camins, con quienes estuvimos conversando unas horas, y con nuestra gratitud por los abrazos y lágrimas de quebranto que acompañaron los emocionados momentos en la hora de la despedida. Momentos que siempre llevaremos en nuestro corazón.

 

Como pasan los días y los años y no recibes ninguna carta, deseo que estas palabras os lleven nuestros pensamientos.

Que fácil condenar a quien no es responsable de sus actos a pudrirse en una celda. Nunca saldrá del laberinto de sus penas mientras sea estrujado y envilecido a medida que enloquece.

¿Por qué ha de castigarse al que soporta anomalías hereditarias o ha sido víctima del contagio de un ambiente de adicciones destructivas?

Unos seres a los que en vano estamos ahora pretendiendo ocultar con nuestro silencio, con nuestra indiferencia, y con nuestra falta de generosidad.

Estrujado por múltiples prejuicios, rebajado en su condición humana, el recluso resulta indefenso como un ciego.

Cada día, y todas sus vidas se marchitarán y brotará por siempre de sus ojos una enorme congoja.

Ellos miran y procuran ver con ojos que parecen grandes lágrimas de muerte que les oprimen los párpados.

Dentro, en el hogar de sus almas torturadas hay calor. Fuera el aire está helado y los barrotes de sus celdas se cubren de rocío.

No hay mayor infortunio que la falta de libertad, ni situación que exija tanta piedad, ayuda y comprensión.

Antes pues que poner tanto apremio en cobrar culpas, por que no averiguar primero si ha sido mayor el delito, o la incapacidad de sus mentes lo que les ha llevado a ser sepultados vivos y pudrirse en la prisión.

La justicia de los hombres será aquella que ayude verdaderamente para orientarse hacia el camino del bien.

Ojala que algún día, cada uno de vosotros tenga la vida en sus manos y la encarrile de la mejor manera posible.

Y amemos y compadezcamos a estos hombres que agonizan y enloquecen en la prisión, porque todos tenemos nuestra parte de culpa de la desgracia de ellos.

Pero la injusticia siempre prevalecerá. Ni la exterminarán aunque conviertan el mundo en una cárcel, ni aunque enrojezcan de vergüenza bajo sus burdas máscaras de honradez e impunidad todos los hipócritas y mal nacidos del mundo.

 

Agosto 2016

Entrevista en el programa “Hoy por hoy” de la Cadena SER

•agosto 10, 2016 • 1 comentario

Miquel Fuster ha sido entrevistado en el programa “Hoy por hoy” de la Cadena SER donde ha hablado de su último libro “15 años en la calle. Obra completa” y de su experiencia como persona sin hogar en las calles de Barcelona.

Podéis escucharle a partir del minuto 7:35 en este enlace:

http://play.cadenaser.com/widget/audio/cadenaser_hoyporhoy_20160810_110000_120000

hoy por hoy

El campeón de ajedrez

•junio 16, 2016 • 3 comentarios

El campeón de ajedrez

-Miguel, si me tomas la dama, y me da vergüenza confesarlo, es un cebo que no he podido evitar la tentación de ponerte, en 10 jugadas te daré jaque mate.
Conocí a este hombre en un bar del Barrio Gótico, donde a los indigentes todavía se nos trataba como a seres humanos. Por allí me dejaba caer alguna tarde para retrasar el momento de irme a pasar la noche en la soledad de los bosques de Les Planes, cerca de Barcelona.

En sus buenos tiempos, este hombre se había colocado a la altura de los más expertos maestros consagrados del arte del ajedrez. Viajaba de ciudad en ciudad compitiendo en los torneos más importantes del mundo y había ganado muchísimo dinero.

A mí, que nunca he pasado de ser sólo un jugador aficionado de tercer orden, me fascinaba contemplar jugar a este hombre. Tanto la precisión como la rapidez de cálculo tenía algo de desconcertante; daba la impresión de leer los movimientos en un libro impreso.

Un anochecer, después de un movimiento mío, él, que cada vez que llegaba su turno echaba solo una mirada fugaz sobre el tablero y movía rápidamente la pieza elegida, vi sorprendido que reflexionaba largo tiempo con los ojos inmóviles clavados en el tablero, de manera que apenas se podían distinguir sus pupilas bajo los pesados párpados. Con la mirada fija y ausente en el vacío, murmuraba sin cesar palabras incomprensibles, mientras gruesos lagrimones brotaban de sus ojos.

Yo estaba completamente perplejo. Su cabeza se inclinaba más y más y quedo con la vista inmóvil.

-Nunca lo entenderé…., nunca lo entenderé…., repetía una y otra vez monótonamente.

Se le veía enfermo, necesitaba compartir su desesperación, y empezó a verter a un tiempo, palabras y lágrimas ardientes.

Yo le escuchaba azorado.

Sacó dos o tres veces del bolsillo un enorme pañuelo, bastante pringoso, dándose media vuelta para simular que se sonaba la nariz, pero en realidad, enjugar nerviosamente las lágrimas que corrían por sus mejillas.

Vi que le faltaban fuerzas para desahogarse, pero, así y todo le animé a que podía confiar en mí comunicándome algún secreto o alguna intimidad, para serenar su ánimo.

Con las luces rojas de la demencia en la mirada, empezó a relatarme la tragedia de su vida.

-Como ya te he dicho alguna vez, yo viajaba mucho. Cansado ya de pernoctar en hoteles, una noche tomé el último vuelo y decidí regresar a mi casa.

Llegué pasada la media noche y entré anhelante para abrazar a mi esposa, deseoso de darle una sorpresa agradable. Atravesé la casa hasta llegar a nuestra alcoba. El lecho blanco estaba preparado para dormir, pero ella no estaba allí.

Recorrí toda la casa sin hallarla ¿Dónde podía estar? Los sirvientes dormían.

Vivía con nosotros mi hermano pequeño, casi un adolescente que hacía unos meses le había hecho venir del pueblo y le había colocado en uno de los mejores colegios de la capital.

Me dirigí al piso superior donde se hallaba la habitación de mi hermano para preguntarle si el estaba al corriente de si mi esposa habría tenido que ausentarse urgentemente por algún imprevisto que hubiese surgido.

Vi que una luz pálida se filtraba por la cerradura y los intersticios de la puerta.

Penetré en el aposento. La sorpresa, la cólera, el espanto ahogaron la voz de mi garganta.

Aterrorizado, mi hermano se replegó hacía la pared, ocultando su rostro en las almohadas. Mi esposa arrojó las piernas fuera de la cama y sentada en el borde, desnuda y altiva me miró.

“¡miserables!” rugí.

Mi hermano no alzó siquiera la cabeza esperando resignado los golpes de mi ira.

“¡miserables!” volvía a gritar avanzando en actitud amenazante sobre mi hermano.

“No” dijo mi mujer poniéndose en pie. “El no es culpable; soy yo. ¿No ves que he venido a buscarle? Castígame a mi”

Entonces mi cólera no tuvo límites.

La abofetee con furia. Ella con la rabia del despecho dejó escapar todo el veneno por los labios.

“Te odio” me dijo. “Te odio y te desprecio; ¿crees que es el primero?” Y una carcajada asesina salió de sus labios temblorosos de cólera.

Retrocedí mudo y anonadado y llevándome las manos a la cabeza pensé si aquello era una pesadilla.

Los expulsé de casa y cerré la puerta.

Todos los recuerdos de mi felicidad pasada murieron en esa hora. Cuando cerré la puerta, me sentí como si me hubiese quedado ciego de repente. Como si me faltase el aire para respirar. Como si me hubiesen arrancado el corazón para siempre.

Ya en la calle al despedirnos, sin embargo, le abandonó la dignidad trabajosamente conservada, venciéndole la emoción, y de repente empezó a sollozar. Sus manos temblaban cunado tomó mi mano y me dijo: “Miguel, gracias por escucharme. Sé que repetiré el drama de mi vida mil veces antes de morirme.”

Y se perdió en la noche.

Y entonces sentí que entorno a mi alma y a mi propio cuerpo se había creado la nada absoluta.

Porque al igual que a este hombre, mis heridas, frescas todavía, siempre me mortificarán y nunca permanecerán mudas.

Programa “La Rotonda” TV Andorra

•junio 11, 2016 • Dejar un comentario

Este viernes pasado Miquel Fuster participó junto con la pintora Samantha Bosque y el director de Arrels Fundació, Feran Busquets, en el programa “La Rotonda” conducido por Rosa Alberch. Hablaron entre otras cosas del proyecto “Vidas inacabadas” (proyecto pictórico en proceso) y de la dura experiencia de Miquel.

http://www.andorradifusio.ad/Programes/rotonda/la-rotonda-10-de-juny-del-2016/la-rotonda-1a-part-sam-bosque-simplica-en-un-projecte-per-a-persones-sense-sostre?filevideo=compartirvideortva

 

Recompte per fer visibles els ‘invisibles’

•mayo 20, 2016 • Dejar un comentario

Vespre a la 2 (emitido el 5/05/2016)

•mayo 9, 2016 • 1 comentario
http://www.rtve.es/drmn/embed/video/3599765

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CUANDO FLORECE UNA ESPERANZA DE ROSAS

•abril 28, 2016 • 1 comentario

El perfume que se escapa de este día de Sant Jordi, no es un perfume que se pueda perder en ele olvido.
El esplendor de este día, como el esplendor de su luz, nos lleva a ver el corazón desnudo de la verdad silenciada.
El noble entusiasmo que ha unido este día a la Casa Batlló y la Fundación Arrels hacia los ignorados, hacia los olvidados, hacia los sin techo solitarios, vencidos en las vicisitudes dramáticas del combate diario por la supervivencia, es la prueba de una solidaridad necesaria que haga sonoro el silencio que clama contra las injusticias del mundo.
La engalanada Casa Batlló, llena de unas formas de armonía y de belleza superior, ha tenido la generosidad de brindar a la fundación Arrels la ocasión para presentar mi último libro “15 años en la calle. Obra completa”, un libro donde se pretende transmitir en forma de novela gráfica y testimonios ilustrados la feroz pesadilla que representa la tragedia de las personas que se han visto condenadas sin remedio a malvivir en la calle.
Hemos tenido el honor y la satisfacción de presentar el libro en los puestos asignados en la Casa Batlló, en la librería de cómics Continuará, en la caseta de Norma Editorial, y en el lugar tradicional de la Rambla del Raval donde la fundación Arrels ofrece este día rosas y objetos artesanales realizados por los usuarios de la propia entidad.
Y también hemos conversado con las personas que se han acercado a adquirir el libro, o bien a informarse sobre la labor que la fundación Arrels lleva a cabo y la forma de colaborar con nosotros.
Ha sido una feliz jornada de fiesta compartida con las gentes que inundaban las calles de Barcelona, ensombrecida por toda la tristeza desolada de las personas que viven en la calle en este día de Sant Jordi, con un frescor de primavera donde florece una alegría de rosas.

 

 
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