Miguel, cara a cara

•abril 10, 2017 • 1 comentario

 

Texto de presentación escrito por Jaume Vidal:

Miguel Fuster es dibujante. Lo ha sido siempre, aunque él quería ser artista. Como los dibujantes de su generación, creía que artista significaba ser pintor. Los dibujos que realizaba  en sus historietas aspiraban a emular a los clásicos del cómic estadounidense, como Milton Caniff o Frank Robbins, pero por bien que lo hicieran, nunca serían unos auténticos artistas. O, al menos, eso es lo que pensaban. Sólo un amigo y compañero suyo, el visionario Carlos Giménez, supo creer en el cómic y utilizar las viñetas que salían del corazón y de la experiencia. Veinte años antes de que se hablara de novela gráfica, Giménez ya había creado una: Paracuellos, una cruda y tierna historia de posguerra.

 

Miguel no siguió los pasos de su colega y se aclimató al trabajo de la historieta romántica. Un trabajo de encargo, no demasiado complicado y bien pagado, destinado a jóvenes adolescentes del mercado del norte de Europa. Su sueño artístico no pasaba por crear una historieta propia, sino por el anhelo de ser pintor. Poco imaginaba que su talento artístico brotaría gracias a una desgracia. Malas decisiones y mala actitud en la vida lo llevan a la calle. Estuvo allí quince años. Muchos días y muchas noches al raso mientras que sus sueños se desvanecían. Todos menos el de pintar. Los cuatro chavos que podía conseguir tenían dos destinos: el vino barato o un lienzo. Con el alcohol calentaba el cuerpo; con la pintura, el alma. El vino lo obnubilaba. Los cuadros le daban clarividencia. Ni siquiera utilizaba pincel, gruesos de pintura esparcidos con los dedos en obras que vendía a algún turista o a marchantes sin escrúpulos. 15 años en la calle pueden destrozar a cualquiera. Pero su naturaleza fuerte y la ayuda de la Fundació Arrels lo sacaron de la calle. Dejó el alcohol, que a lo largo de toda su vida había sido la fuente de (falsas) alegrías i de grandes desastres, y continuó pintando. Pero la experiencia como sintecho había sido demasiado intensa como para no dejar testimonio. Y Miguel Fuster tiró de oficio y de experiencia y escribió y dibujó Miguel, 15 años en la calle. Una novela gráfica de la que se han publicado tres partes y que tiene al dibujante, y sus vivencias como indigente, como protagonista.

 

En la exposición Miguel, cara a cara, en la Galeria Sicart, se recoge obra original de este trabajo y también rostros del autor inspirados en esta obra. Las caras que reflejan todos los múltiples grados de sufrimiento y los fugaces momentos de satisfacción. Las caras de la soledad, el desasosiego, la rabia, el dolor, la necesidad y el frío. Pero también la cara de la esperanza, el rostro que hizo que Miguel no esté aún en la calle, sino en una galería de arte.

 

(La exposición se puede visitar desde el pasado sábado 8 de abril y hasta el próximo 20 de mayo. La galería Sicart está ubicada en Vilafranca del Penedés.)

La llave maestra

•febrero 20, 2017 • 2 comentarios

miquel-fuster-blog

“Esta bien. Yo me lo he buscado.

Todo queda lejos. Han sido cortados los puentes detrás de mi.

Imposible quemar ese pasado como se queman las viejas cartas.

Y vivir. Con lo que tengo. Nada me indicó que iba a jugarse mi destino…”

Almas oxidadas llenas de polvo, trapos chamuscados por el fuego, baratijas de feria, dolorosas viejas fotos.

Alguien escondió la llave de nuestras vidas y quedó luego olvidada para siempre. Se apagó el fuego de nuestro corazón ¿Que silencio hay comparable al que nos envuelve? ¿Que soledad como esta?

La campana que vibra es la de antes. Pero ya no resuena para nosotros.

Lo que un día creció y dió su fruto se marchitó luego y no existará jamás.

Nuestros sueños y nuestras ilusiones huyeron para siempre de nuestra alma herida como palomas sorprendidas en mitad de la tormenta.

Pero un día, un pájaro nacerá donde caímos y al elevarse esparcirá la ceniza de nuestros ojos al viento. Y con sus alas ahuyentará la pesadumbre de nuestro corazón.

Y tal vez mañana nuestros pies amanezcan teñidos con el color de la aurora porque andan en el camino por donde viene el día.

Y ayudemos a encontrar la llave maestra que haga brotar la luz en las almas torturadas de los hombres que habitan sin esperanza y sin rumbo en las calles de la amargura, de la tristeza, de la injusticia y la muerte.

*El dibujo de esta llave forma parte de la exposición #nadiesinllave organizada por Arrels Fundació en el Colegio de Arquitectos de Cataluña (Plaza Nova, 5) y que quiere hacer visible la realidad de las personas sin hogar en Barcelona. Podéis leer más en esta notícia. ¡Estáis invitados!

 

El dolor no se destierra

•diciembre 16, 2016 • 3 comentarios

diciembre-2016-w

El dolor no se destierra. El lleva su patria en sí.

Corazones dolientes sin hogar atravesando el país del horror y la violencia.

Los espejismos de la vida les perdieron. Su insensatez mató al ángel dentro de sí, para saciar a la bestia que hurga insaciable en sus entrañas roídas.

El árido imperio de la calle donde sólo reina el mal. El triunfo del odio y los salivazos de sus verdugos. Los gritos de cólera que apagan la voz, y la amenaza que espanta callando la lengua.

La indigencia, el espectro espantoso hermano de la muerte, sepultura común de los desheredados, de los malditos leprosos de la suerte, de los heridos del contagio feroz de la miseria.

Hombres harapientos, desolado el semblante, rojas las pupilas, rotos los zapatos, desesperada el alma.

Noches terribles sin fin. Noches de rencor asesino, en que ven claro, con extraña lucidez en el fondo de su abismo el por qué de la tragedia que ha sentenciado sus vidas.

Noches tristes en las que la ausencia se acuesta con ellos, y sus almas escapan gozosas a los días gloriosos de los viejos tiempos, y se desesperan con aquel recuerdo gritando su pena a los cuatro vientos.

Y tambaleándose de dolor y de ansiedad, atravesarán los caminos oscuros de la tierra bajo una lluvia helada que les empapa el alma. Y como una bestia herida que busca su cubil, se esconderán en un lugar sin luz echados sobre el suelo sollozando.

Y sus ojos, como lagos sombríos en un paisaje helado, tendrán todo el dolor del abandono, la tristeza espantosa del olvido, y la bruma espectral de la agonía.

Y se oirán las maldiciones de los condenados al dolor eterno.

Hombres desolados sin fe y sin esperanza que en el fango se arrastran y mueren ignorados.

 

Los años muertos

•octubre 20, 2016 • Dejar un comentario

los-anos-muertos_blog

Se desangran los días dichosos, entre las tinieblas se extiende su aullido, y sobre mi rostro mis dedos crispados de espanto, son tétricos garfios bañados de llanto, mientras que mi cuerpo ceñido al dolor no olvida y pregunta.

Se desangran pintando de luto los labios del tiempo asesino los días felices, todos los anhelos, la risa, los cantos, la pasión salvaje blandiendo las garras, las bocas abiertas, las lenguas cortantes.

Se desangran los días gloriosos queriendo ocultar las llagas resecas de este hoy quejumbroso que hiela de angustia, y estallan los sueños de los viejos tiempos, ceniza esculpida en la niebla de un blanco celeste bordado de plata, teñido de sangre por los años muertos.

“Otra forma de pensar, otra forma de escribir”

•septiembre 29, 2016 • Dejar un comentario

Miquel Fuster participará en el XI encuentro de escritores/as “otra forma de pensar, otra forma de escribir” el próximo sábado 1 de octubre.

anverso-programa-en-es-2016

Más información en el Blog del foro social Segovia

Hace 13 años

•agosto 26, 2016 • 1 comentario

IMG_6244

He pasado 15 años de mi vida en la calle.

Inquilino de las calles tristes, donde los hombres languidecen privados del sol de la vida y tienen por lecho las duras losas del suelo o la humedad de la tierra.

Pero no tienen ni una cueva donde refugiarse.

Cierto es que hay mucha miseria. No solamente la miseria que viene de la imposibilidad de poder vivir dignamente, sino la gran miseria, la que viene de la esterilidad de las almas y la dureza de los corazones.

Demasiado dolor hay en la calle. No habrá sitio en la tierra donde apilar o enterrar tantos escombros humanos.

Yo era uno de ellos.

Hoy hace 13 años que los voluntarios de la Fundació Arrels me rescataron de entre los muertos que mató el frío social. Los sin pan, los sin hogar, los sin un afecto y sin rumbo.

No puedo dejar de mirar atrás, y, me detengo emocionado ante estas personas que luchan para que intentes desde tu aflicción volver de nuevo a la vida.

La mayor obra de beneficencia es salvar la vida de los demás; ellos quisieran dar a todos los hombres asilo, el derecho a reconducir sus vidas y forma de conseguirlo.

Así andan, de corazón a corazón, dando su trabajo y su bondad, en obra humilde, realizada con amor, en la buena palabra de la verdad y en la buena caridad de la justicia en el mundo.

Su tarea es hacer el bien. Ir adelante hasta llegar a nuestros corazones.

Defender a los que no pueden defenderse.

Decir a la sociedad las verdades que claman al cielo por evidentes.

Y depositan la humilde ofrenda de su trabajo, sin esperar nada a cambio.

Es la hora de la humildad, y les siento a mi lado por la senda de mi gratitud, borrando las huellas que dejó mi pena.

Avancemos un paso cada día.

Nada podemos perder; todo está por conquistar. Allí donde otros hombres ponen dudas, pongamos nuestro trabajo, mucha conciencia, y, sin olvidar jamás, que sin amor y justicia no hay felicidad posible.

 

Miguel Fuster

Agosto 2016.

Visita a un grupo de internos de Quatre Camins

•agosto 17, 2016 • 2 comentarios

pressó web

Para el grupo de internos del Centro Penitenciario Quatre Camins, con quienes estuvimos conversando unas horas, y con nuestra gratitud por los abrazos y lágrimas de quebranto que acompañaron los emocionados momentos en la hora de la despedida. Momentos que siempre llevaremos en nuestro corazón.

 

Como pasan los días y los años y no recibes ninguna carta, deseo que estas palabras os lleven nuestros pensamientos.

Que fácil condenar a quien no es responsable de sus actos a pudrirse en una celda. Nunca saldrá del laberinto de sus penas mientras sea estrujado y envilecido a medida que enloquece.

¿Por qué ha de castigarse al que soporta anomalías hereditarias o ha sido víctima del contagio de un ambiente de adicciones destructivas?

Unos seres a los que en vano estamos ahora pretendiendo ocultar con nuestro silencio, con nuestra indiferencia, y con nuestra falta de generosidad.

Estrujado por múltiples prejuicios, rebajado en su condición humana, el recluso resulta indefenso como un ciego.

Cada día, y todas sus vidas se marchitarán y brotará por siempre de sus ojos una enorme congoja.

Ellos miran y procuran ver con ojos que parecen grandes lágrimas de muerte que les oprimen los párpados.

Dentro, en el hogar de sus almas torturadas hay calor. Fuera el aire está helado y los barrotes de sus celdas se cubren de rocío.

No hay mayor infortunio que la falta de libertad, ni situación que exija tanta piedad, ayuda y comprensión.

Antes pues que poner tanto apremio en cobrar culpas, por que no averiguar primero si ha sido mayor el delito, o la incapacidad de sus mentes lo que les ha llevado a ser sepultados vivos y pudrirse en la prisión.

La justicia de los hombres será aquella que ayude verdaderamente para orientarse hacia el camino del bien.

Ojala que algún día, cada uno de vosotros tenga la vida en sus manos y la encarrile de la mejor manera posible.

Y amemos y compadezcamos a estos hombres que agonizan y enloquecen en la prisión, porque todos tenemos nuestra parte de culpa de la desgracia de ellos.

Pero la injusticia siempre prevalecerá. Ni la exterminarán aunque conviertan el mundo en una cárcel, ni aunque enrojezcan de vergüenza bajo sus burdas máscaras de honradez e impunidad todos los hipócritas y mal nacidos del mundo.

 

Agosto 2016