El eterno vagabundo

Eterno vagabundo web

Sin Dios. Sin Patria. Sin Madre.

Bajo otros nombres y bajo otros aspectos, desde tiempos remotos, en distintos lugares y en distintas épocas, errante de un lugar a otro ante la imposibilidad de reposar en un lugar que ya no existe, veremos pasar la figura solitaria y fugaz del eterno vagabundo.

No sabemos cómo se llama, no conocemos su patria, ni su oficio, ni sus culpas, ni sus merecimientos. Acaso es un fugitivo. Acaso ha desertado de las calles del miedo la ignominia y la desesperación.

Como una fiera herida y atrapada que con sus ligaduras forcejea mordiendo cuerda y hierros para poder huir, su espíritu lucha por intentar volar, y buscar tierras nuevas de horizontes sin fin.

Solo en su soledad se siente libre, porque en ella, no ordena ni obedece.

No espera nada de nadie. El es el campo de batalla donde resuenan los ecos de sus pasos cansados.

Si no ama la vida no se ocupa en maldecirla, porque sabe, de la inutilidad de su amor y de su queja.

Este hombre, desmesurado en su soledad, ama tanto la libertad, que le devora en todos los instantes de su vida, que besaría la boca de la muerte antes que imaginar perderla un día.

Escuchó el canto de las sirenas sin hacerse amarrar al mástil de un navío de velas desgarradas, bajo cielos violeta reflejos de llamas de un sol agonizante.

Sintió tanto dolor por tantas y tan amargas despedidas, de ver cuántos lugares tuvo que abandonar, que solo anhela irse lejos, muy lejos, a donde ni el pensamiento con sus alas sangrientas le consiga alcanzar.

Y, cuando vuelve los ojos al pasado es su dolor lo que recuerda con más intensidad. Porque el placer fue fugitivo como un estremecimiento, mientras que el dolor fue como un arado inmisericorde, que dejó huellas tan hondas en su vida, que a veces, se siente tan pobre, tan triste y tan rendido, que se maldice de rabia mirando tanta ruina.

…y un tribunal de andrajosos mentales le condena, por el crimen de cubrir de harapos su persona.

Y, en un fondo de brumas y de nieve, entre los sudarios del cielo y de la tierra, hacia un helado crepúsculo invernal, veremos alejarse, con la melancolía de un ciprés solitario, peregrino al azar, alma sin dueño, la figura del eterno vagabundo en su destino errante, y que ya, nunca más volverá.

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~ por miquelfuster en mayo 22, 2018.

2 comentarios to “El eterno vagabundo”

  1. Después de leer palabras tan sabias, tan profundas…lo único que puedo desear es que ojalá Miguel y todos los eternos vagabundos consigan que su espíritu vuele y encuentren tierras nuevas y horizontes sin fin.
    Emocionada y agradecida como siempre por hacerme recapacitar sobre lo importante, la libertad.

  2. brutal. un placer leerte

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