CRÓNICA GRÁFICA II

•mayo 24, 2012 • 2 comentarios

CRÓNICA GRÁFICA

•mayo 4, 2012 • 9 comentarios

Desde ayer jueves Miquel ha comenzado a colaborar con el diario 20 minutos con una crónica gráfica de frecuencia quincenal.

A través de su estilo conoceremos otras caras de Barcelona.

BARCELONA SIN MI

•abril 30, 2012 • 3 comentarios

Se presenta en el 30º SALÓ DEL CÒMIC DE BARCELONA el 3er volumen de Miguel, 15 años en la calle que lleva por subtítulo “Barcelona sin mi”

Miguel estará firmando los dias:

Jueves 3 de Mayo en el stand de la Fnac a las 19:00

Viernes 4 en el stand de EDT desde las 18:00 hasta las 19.00/19:30
Domingo 6 en el stand de EDT desde las 16:00 hasta las 17:00 /17:30

Sant Jordi 2012

•abril 13, 2012 • 3 comentarios

El próximo lunes 23 de Abril, Miguel estará firmando libros en el estand que Arrels Fundación tendrá instalado en la Rambla del Raval de Barcelona en dos horarios: 11 a 12 am y 5 a 6 pm.

MARCANDO LÍMITES

•marzo 14, 2012 • 4 comentarios


Esta viñeta forma parte del nuevo libro que Glénat publicará próximamente, “Miquel, 15 años en la calle: Barcelona sin mi”.

SUBLIME LIMOSNA

•diciembre 15, 2011 • 4 comentarios

Son las doce de la noche. Las campanas de la catedral se empeñan en recordarme que el año viejo se despide. La helada brisa de medianoche es la única caricia que me brindan estas horas de aflicción, añoranza y soledad.

Intento ignorar al alegre gentío que alborozado celebra la llegada del nuevo año. Noches como esta que, hace tantos años ya consagré en cuerpo y alma al amor y a la amistad. Noches sin fin, con amigos entrañables, mujeres cuyo precio no importaba, empapados en champán.

El alcohol que, sin poder sospechar yo que me estaba tramando una anticipada venganza, me llevó por las sendas de la confusión y de la ignominia, pero no logró secar mi alma.

Siempre atormentado por mis ansias de encontrar no sabía bien qué. Vivía sin renunciar cada día a ningún placer. Con deseos insaciables de lujuria, embotado mi discernimiento por el alcohol, todo era muy fácil. Una vida salvaje y disoluta que me arrojó sin remedio al precipicio.

Aunque mi lecho es el suelo y me mantengo obstinadamente en la calle, sólo por mi deseo implacable de vivir en libertad, algunas veces empiezo a interrogarme a mi mismo, incluso con crueldad, y me pregunto si todavía después de tantos y tantos años perdido y errante por esas calles de Dios, no he pagado ya de sobra mi tributo al dolor por todas las culpas y mis lejanos errores.

Encorvado en el viejo banco de la plaza al calor de la botella de vino, con mis temores, asediado por la ausencia de todo y el acoso de mis persistentes recuerdos, la lucidez de mi insobornable conciencia se ensaña hurgando en mis emociones mas hondas y dolorosas.

Veo transitar delante de mis ojos todos mis anhelos desbaratados, todo lo que amé poniendo en ello el corazón, y que, ajeno a cualquier mínimo sentido de racionalidad, impunemente quebranté.

El tiempo, que debería curar todas las heridas, cicatrizó en falso desgarraduras de alma de las cuales permanecen una melancolía infinita, llena de lágrimas, un recuerdo que me acaricia y me daña al mismo tiempo.

Sin deseos ni esperanzas, seguiré soñando errante por las calles en la noche oscura con el rostro inclinado sobre aquel amor de los amores. Amor prohibido que un día ya muy lejano, por ciego y por cobarde extravié. Flor inmarchitable que siempre llevaré clavada en las alambradas de espinos sangrantes de mi corazón,

Han callado las campanas de la catedral. Cobijado en el viejo banco de la plaza escondo mi rostro entre las manos y, en mi delirio, sueño que algún día ella volverá. Entonces, la siento poner en mi su mano delicada, la veo sonreír dulce y, con infinito cariño besar mis resecos y amargos labios de mendigo, tal como un día besara el Santo de Asís las mejillas del leproso.

Huida al pasado

•noviembre 3, 2011 • 6 comentarios

 

Del infierno jamás se sale. Pero algunas noches, para incrementar tu dolor, te permiten ser visitado por aquellos antiguos amores que, un día ya muy lejano consiguieron que tu alma se sintiese ligera;  y en el espejo, tus ojos brillantes, vivos y radiantes de alegría, te descubriesen súbitamente poseído por el milagro de un encantamiento.

En este bosque, vacío de rosas y de estrellas, trastornado por el frío que sin tregua me enloquece, vuelve a mi la presencia del rostro que nunca dejé de amar, siento sus dulces besos y al querer acariciarla y ceñirme a ella como una enredadera, entonces, en su lugar, noto que mis manos palpan mis mejillas carcomidas por tantos años errante en mi agonía.

En esta triste soledad de perpetua sed de todo, estas visiones de dicha y de redención suprema, al desvanecerse, se convierten en rabia y en odio hacia el espectro ceñudo del tiempo, que en su implacable crueldad prohíbe para siempre recuperar tantas horas y meses, tantos días y años perdidos en las noches de frío y de silencio.

Huida al pasado, esta ilusión del alma, rememorando los hechizos de una lejana juventud, al desaparecer con todos los anhelos en retirada por las sendas de las sombras, hacen que la máscara de la tragedia vuelva a  mi cara. Entonces cae el horror en mi conciencia por aquellos amores que, como ante flores deshojadas, permanecí un día, sordo y ciego.

Cuando los guardianes infernales, cumplida su misión de que nuestra mortificación carezca de reposo, hacen desfilar a las visitas, quedo otra vez solo en el bosque helado y siento un temblor de llanto mientras sangra la llaga de la herida que nunca permití cicatrizar

 
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